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El humor inglés. Todo el mundo habla de él. Más que humor es puro sarcasmo. Y aunque parezca mentira no empezó con Benny Hill persiguiendo señoritas.

Los brigadistas británicos eran un claro ejemplo de esto. Estos, siempre propensos a sacar punta a todo (a quejarse, dirían otros) cambiaron el mítico ‘No Pasarán’ por un más terrenal ‘No Bloody Pan’ o ‘No Bastard Pan’ (Sin puto pan). Imagínatatelos, en formación, con el puño en alto y gritando: ¡No bastard pan! ¡No bastard pan!

A los Comisarios Políticos, ‘commissars’ en inglés, los llamaban ‘comic stars’, esto es, estrellas de la comedia.

¡Para que luego digan que los ingleses no tienen guasa!

Tras la Batalla de Teruel, las tropas franquistas siguieron el empuje hacia el Mediterraneo, llegando a Vinaroz el 15 de Abril.

Solo un mes más tarde los republicanos ya estaban preparando el contraataque. Llamaron a filas a los mozos nacidos en el 20/21. Muchos no habian cumplido aún los 18. Fueron los que formaron la llamada Quinta del Biberón.

Entre ellos estaba Juan Antonio Samaranch, que en Mayo del 38 se incorporó al Ejercito Republicano como sanitario.

Acudió a la llamada para evitar problemas a la familia. Eran de familia acomodada y su hermano mayor fue asesinado en una checa cuando trataba de evitar la incorporación al ejército.

Le trasladaron al Ebro para preparar la ofensiva que tendría lugar poco después. Como sus ideas no estaban de acuerdo con las filas que atendía (era simpatizante de la CEDA), no tardó en fugarse.

Para esto se hizo amigo del capitán de su unidad, que dada la escasez de medios iba siempre en alpargatas. Samaranch le prometió unos zapatos si le daba unos días de permiso en Barcelona.

Le envió los zapatos, pero no volvió.

De allí pasó a Francia, para volver a entrar a la España Nacional cantando el Cara al Sol.

El resto es historia…

Primera lección para el éxito empresarial: Para que un negocio triunfe hay que trabajar duro. Y tener constancia, cualquiera que sean las circunstancias. Hay alguno que lleva esto al extremo.

Anuncio publicado en La Vanguardia el 25 de Enero del 39



Barcelona cayó el día 26

O el anunciante era un optimista y creía que la capital catalana aún resistiría; o pensaba hacer un negocio redondo comprando las casas de los que ya estaban camino de Port Bou.

Está visto que en la guerra solo hay dos tipos de personas: los que sufren y los que se lucran (del sufrimiento ajeno)

Las unidades marroquíes del ejército franquista eran unidades de choque. Participaban en las batallas siempre en vanguardia, junto con los legionarios. El riesgo era grande, y las bajas en dichas unidades muy altas.

Por esto, no es de extrañar que los moros se encomendaran a todos sus santos, o lo que corresponda en el Islam.

Sin embargo, resulta más inusual que también se pusieran en manos de la Virgen o el Sagrado Corazón.

Muchos de ellos llevaban el pecho cubierto de ‘detentes’, medallas de la Virgen o crucifijos.

Parece que, al llegar a Sevilla, se los colocaron unas muchachas y debieron pensar que ningún mal les podía hacer, y que les traería baraka. O sea, suerte. Llamaban al detente ‘corazón para-balas’.

Su aceptación de los símbolos cristianos fue tal, que en una ocasión trataron de retirar un cuadro de la Virgen en un hospital de sangre donde convalecían soldados moros. Uno de ellos protestó: “No descolgar. Virgen ser buena para todos”.

Este era el nombre que, con cierta sorna, los madrileños daban a la Gran Vía (oficialmente rebautizada como Avenida de la Unión Soviética) por la gran cantidad de bombas que en ella caían. También se la llamo Avenida del 15 y Medio, por ser de este calibre dichos obuses.

Las baterías nacionales trataban de hacer blanco desde el Cerro Garabitas en la Casa Campo, y el objetivo era el Edificio de la Telefónica, cuyas plantas superiores se utilizaban como puesto de observación para la artillería republicana. En las inferiores se encontraba la oficina de prensa, y los sótanos albergaban a un gran número de desplazados sin techo.



Los bombardeos empezaban con el Lechero, que era el primer obús de la mañana y concentraban el fuego en las horas en que la Gran Vía estaba más concurrida, a la entrada o salida de los cines.

Lejos de amilanarse, los madrileños se fueron acostumbrando y algunos veían esto como un espectáculo. De hecho, los había que venían de los barrios extremos, se refugiaban en el lado sur, que se consideraba más seguro, y esperaban llevarse algún trozo de metralla, aún caliente, como recuerdo.

Arturo Barea, tabajaba en el Edificio de la Telefónica, y se alojaba en el otro lado de la calle (un obus destrozó su habitación), por lo que es testigo de aquellos hechos, que son narrados de forma excepcional en La Forja de un Rebelde (La Llama).

Si no lo habéis leído, no perdáis más tiempo en este blog y corred a la librería a comprar un ejemplar. Lo primero es lo primero.
La vida de las trincheras no era todo lucha o matar piojos. Un pasatiempo común era el canto. Entre compañeros o de una trinchera a otra.

Sin embargo, a veces estos cánticos se desviaban de hoy llamaríamos ‘políticamente correcto’.

Los canadienses trajeron alguna canción que parecía escrita por el enemigo (fascista, para más señas), y no dejó de provocar preocupación, y seguro que algún dolor de cabeza, entre los comisarios políticos de la Brigada.

Oh, I wanna go home
I don’t wanna die
Machine guns they rattle
The cannons they roar
I don’t wanna go to the front any more

Oh, take me over the sea
Where Franco can´t get at me
Oh! My! I’m too young to die
I wanna go home!



Oh, quiero irme a casa
No quiero morir
Las ametralladoras traquetean
Los cañones rugen
No quiero ir al frente nunca más

Oh, llévame sobre el mar
Donde Franco no me alcance
¡Oh! ¡Dios! Soy demasiado joven para morir
¡Quiero irme a casa!

¡¡Quién diría que los que lo cantaban eran voluntarios!!

No es de extrañar que los comisarios políticos de la brigada se volvieran locos tratando de impedir su canto.

Ya no es que tuvieran que mantener la moral de la tropa o aleccionar a la soldadesca. Ahora también les tocaba en batallas perdidas. Coma la de la SGAE contra eMule.

Lo cierto es que era una canción que los canadienses cantaban en la I Guerra Mundial, y que sus brigadistas habían adaptado a nuestra contienda.

No parece que tuvieran mucho éxito tratando de prohibirla.
Pues que le han impuesto una multa de 100.000 Pesetas. Y eso, antes y ahora, es un pico.

Regla número uno del buen golpista: ser optimista. Creer en la victoria, sean cual sean los recursos. Arrimar el hombro, aunque este sea noble.

Este debió ser el pecado de la Marquesa de Casa Padilla. En los primeros días del movimiento salvador de España (bonito eufemismo para golpe de Estado) se dedicó a propagar noticias ‘falsas’ y alarmistas.

Al menos este es el delito del que la encontró culpable la autoridad militar de Córdoba en Agosto de 1936. (1)

Me imagino a la mujer, comentando a sus amigas, entre rosario y rosario, que ha oído en la radio que todas las capitales importantes han quedado del otro lado, que la producción industrial también está en la zona leal, que las columnas de Mola se han quedado atascadas en Somosierra, etc.

¡Si es que con gente así no hay forma de ganar una guerra! Lo suyo es fiarse de Queipo. Ese sí que sabe.

Una de las pruebas de cargo fue una radio que ‘solo’ recogía las noticias de Madrid (la tecnología de entonces ya estaba más avanzada que la de ahora). Ante hecho tan acusatorio, solo queda pagar.

(1) ABC de Sevilla Jueves 20 Agosto de 1936